domingo, julio 01, 2007

Juan Antonio Molina, Premio Internacional de Poesía Desiderio Macías Silva (México)

Juan Antonio Molina Gómez (Sevilla, 1956) es periodista y escritor. Colaborador habitual en revistas literarias como Contratiempo (Argentina), La bolsa de pipas (España), Almiar (España), Adamar (España) y Axxon (Argentina). Obtuvo en 2006 el II Premio Internacional de Poesía Desiderio Macías Silva.Ha obtenido previamente el Premio Internacional de poesía Dunas y sal, en España; y fue finalista del Premio Internacional de Poesía Videncia, en Cuba. Es autor de las obras de poesía Nostalgia de Penélope y No existe el mar. Es autor también de El Origen Mitológico de Andalucía. (Editorial Almuzara, Córdoba). La editorial Castillejo, de Sevilla, ha publicado tres de sus libros de gastronomía: Breve historia de la gastronomía andaluza; La cocina sevillana; y La gastronomía musulmana de Occidente. Con PENÉLOPE Y LAS HORAS SIN RETORNO (Instituto Cultural de Aguascalientes & Azafrán y Cinabrio) Juan Antonio Molina obtuvo, entre cuatrocientos participantes de veintisiete naciones, el Premio Internacional de Poesía Desiderio Macías Silva 2006. Los poemas que componen el libro se fundamentan en la hondura de la percepción y traban una relación entre las evocaciones arquetípicas y la vida cotidiana, para rescatar el valor de la sonoridad y la imaginación plenamente verbal donde tienen sitio la muerte y el amor, el tiempo, el despertar y el dormir, el abandono y la memoria.

SOBRE VIAJEROS Y UTOPÍAS VERDADERAS

El viajero se echó al camino con entusiasmo y con júbilo, con el espíritu del Virgilio latino de la nostalgia geórgica y del viaje de Eneas, el último nostos de la hégira troyana. Dante encontró a los tristes en el infierno: “Tristes fuimos en el dulce aire que del sol se alegra...” La tristeza es enemiga de los paraísos y de los reencuentros felices del caminante. Con la alegría de lo ideal encontraron los artúricos de hogaño, entre los cuales me encuentro, no una sino varias veces la famosa Camelot: en Somerset, en Queen’s Camel, en Caerlon del Usk, en Gales, en el famoso condado de Monmouth, en Winchester, y en Cornubia, en el antiguo Camelford, donde hizo nido, como es fama, la primera pareja de ruiseñores que hubo en la Gran Bretaña, y que, como aseguraron algunos diletantes, era de origen romano y así lo mostró en su lenguaje. Algunos canónigos para perfeccionar la pronunciación latina, pasaban unos días, por las fechas de la sementera del centeno, en Camelford, escuchando a los ruiseñores. Nada tan eufónico y significativo que el nombre inglés de ruiseñor, nightingale, “alegre campanilla de la noche.” Los arqueólogos encontraron en Itaca unas tumbas antiguas, de la época de Ulises, donde localizaron huesos humanos y esqueletos de pájaros que los ornitólogos catalogaron como ruiseñores. ¡Ulises en su último viaje entre ruiseñores! Calipso le daba, en platos de oro, los manjares que hacen inmortal al hombre, pero Ulises los rechazó con tal de ver un día a Ítaca, para cambiar para siempre “al aire marino, la dulzura angevina”. La douceur angevine es el nombre perdurable del retorno, y, al final del camino, escuchar las voces de los viajeros y de los ruiseñores. Allí haría el héroe griego su definitivo viaje, como dice Gaston Bachelard: “en cuanto estamos inmóviles, estamos en otra parte; soñamos en un mundo inmenso. La inmensidad es el movimiento del hombre inmóvil.”
Son estas tierras del Mediodía peninsular paisajes antiguos, los más antiguos del mundo, como sabían los dioses del Olimpo que venían a ellos a solazarse, empero, basta mirar algunos recodos y acogedores lugares con mirada atenta para que parezcan no definitivamente hechos, carentes aún del “Ne varietur”, como si le faltaran las últimas pulgadas. Y alli está el viajero aplicado: para señalar con el dedo lo que no tiene nombre, al igual que el héroe de Macombo.
“Sir John, las cosas que hemos visto”, pone Shakespeare en boca del anciano que acompaña a Falstaff. “Dichoso aquel entre los vivos de la tierra que vio estas cosas”, canta un antiguo himno dedicado a Deméter. En los misterios de Eleusis, bastaba contemplar. Y nadie ha visto tanto como el caminante apasionado, el vagabundo de profunda vocación y especial arregosto en garabatear por lo menudo lo que oteó. Y toda esa experiencia va aquí como en un cartapacio melifluo y montaraz, en alguna ocasión meliamargo, con su adobo de ambarina, sicomoros e hibiscos. "Para escribir un solo verso -dice el rilkeano Malte Laurids Brigge en sus Cuadernos- es necesario haber visto antes muchas ciudades, conocido hombres de países diversos y tantas otras cosas". Para la tradición clásico-romántica el viaje se había constituido en el método por excelencia del aprendizaje y la escritura. Ésta se inventa o se construye como relato de una experiencia que se afirma a sí misma en tanto descubrimiento o resonancia del tiempo de las cosas y de los hombres, de esa especial deriva a la que están sometidos los acontecimientos. Sólo desde la proximidad de esta variación de lugares y hechos, de hombres y lenguas, parecía posible el afirmarse de una comprensión de lo humano que definiera una mirada ajena a aquella otra, acostumbrada a perfiles familiares, a la ley de lo mismo. No importa si este descubrimiento de lo otro acarrea el desconcierto o la emoción, la extrañeza o el entusiasmo.Winckelmann, dedicado a ordenar las colecciones antiguas de la Villa Albani, o Goethe, en paños menores, asomado a la ventana de su habitación del Corso romano, tal como aparece en el boceto de Tischbein, pueden ser la expresión de esta pasión o de aquel desconcierto, pero en ambos casos son ya el resultado de una experiencia que sólo el viaje es capaz de producir.
Ulises inauguró una tradición que concedía al viaje la capacidad descubridora de otros mundos, lugares lejanos, llenos de sorpresas. Más tarde, el viaje pasaba a ser la metáfora por excelencia de la vida humana, esa peregrinatio vitae que señala el sentido cristiano de la existencia. O aquellos otros viajes de iniciación, de pasaje, de llegada, de descubrimiento, o los que nacen de la ansiedad de una búsqueda utópica que los sueños habían antes dibujado y depositado después en la mil y una islas felices. Y aquellos otros "viajeros verdaderos" que Baudelaire en la Fleurs du Mal definía como aquellos "qui partent pour partir", sin conocer el destino de un viaje rodeado de quimeras y otros peligros. En fin, todos esos registros varios que la literatura de viajes ha inventado a lo largo del tiempo como relatos de un imaginario que navega entre los tiempos, los espacios y geografías, dando al viaje el poder de narrar la distancia y el descubrimiento de lo otro.

jueves, noviembre 10, 2005

BANLIEUES: PARTICULARISMO Y GLOBALIZACIÓN

La ciudad o la región, son lugares que conforman la vida cotidiana y por ende las culturas, los hábitos de vida, la política, las dinámicas económicas, las geografías, infraestructuras, equipamientos cívicos y sociales, los servicios y calidad de bienestar de los ciudadanos. El territorio, el ámbito local, adquiere una decisiva y creciente presencia y dimensión en cuanto incide en lo más íntimo y cercano de nuestra existencia, así como en la producción, el consumo y en los conocimientos. Importa señalar que la globalización ha conducido hacia una nueva función estratégica para las principales ciudades, que se transforman en los centros de comando de la economía global, en ubicaciones clave para los servicios financieros y los especializados para las empresas, en sitios para la generación de innovaciones y desarrollos tecnológicos, así como en mercados importantes en el ámbito internacional. Esto conduce a la conformación de un nuevo tipo de urbe: la ciudad global.
Muchas ciudades en europa y en el resto del mundo, están atravesando una crisis con lo que se pone en peligro la paz y el equilibrio social. Este estado de cosas se debe a problemas que deben ser completamente resueltos. teorías y métodos urbanos obsoletos frenan cualquier desarrollo o innovación, y generan o perpetúan la crisis en las ciudades. La carta de Atenas de Le Corbusier, el arquitecto francés, dividió las ciudades en distritos monofuncionales, lo cual produjo distorsiones que han llevado, con el tiempo, a serios problemas. resultados tangibles de ello son los barrios problemáticos, los excluidos sociales, así como los sobrecostes económicos y sociales que se derivan de la distancia entre la casa y el lugar de trabajo. La contaminación y el fuerte tráfico en las ciudades se deben también a las políticas urbanas. La calidad de vida en la ciudad está seriamente amenazada y, si las ciudades tienen futuro, estos problemas han de ser abordados.
Estas inercias conceptuales de la ciudad generan particularismos que socialmente la segmentan. Estudios con jóvenes inmigrantes en París, en Lyon, en Marsella, a la pregunta a jóvenes que tienen la doble nacionalidad argelina y francesa: tú qué eres, ¿argelino o francés?, respondieron: Yo soy de Marsella. Y más concretamente, no, Marsella no me interesa, yo soy del conjunto habitacional X. O Yo soy del conjunto habitacional Víctor Hugo, o yo soy de la torre 12, y no tengo nada que ver con esos idiotas de la torre 14, que son exactamente la misma población. Es decir, hay un localismo que es una expresión muy importante. Lo que existe es una separación. Emplearé un vocabulario norteamericano: hay un mundo de los habitantes de la ciudad, los overnights. Hay una categoría pero esto es más cierto para los EE.UU. que para los países latinos, europeos o sudamericanos: los sub-overnights, que son la clase media que en los EE.UU. y en algunos países europeos está en la periferia, en los distritos ricos como por ejemplo Washington, que es un caso extremo. Overnights, sub-overnights y ex-overnights, tres categorías muy distintas, incluso desde un punto de vista administrativo. En los EE.UU. por ejemplo, muchas veces los ricos, digamos la clase media-alta, no pertenece a la misma ciudad ni al distrito federal, como es el caso de Washington; están en Maryland, camino a Baltimore. Existe una separación y el punto final es el gueto. Sería muy exagerado decir que es una tendencia general; sin embargo, para crear una imagen un poco dramática, diría que sí hay una tendencia fuerte en la historia urbana: una tendencia hacia la segregación y, por qué no, una tendencia hacia la ghetización. En la modernidad asistimos al fenómeno de la instauración de la otredad en el ámbito de la urbe: es la ciudad misma la que se convierte en lugar extraño, en "selva" (Baudelaire), en una pluralidad de sentidos tan grande que impide toda simple caracterización y diferenciación desde lo propio/lo ajeno. La ajenidad se apropia de la ciudad, transita por sus calles en la forma del extranjero, del mendigo, del diferente, de todo aquel que se convierte en fuerza amenazante para el otrora hogar del individuo. Cada vez más, en la modernidad tardía, el ciudadano no halla su casa en la ciudad, porque ésta está habitada por otros. Cada vez más, la ciudad es lugar de tránsito, laberinto apto para la pérdida, lugar del intercambio y del consumo, y como tal, de la homogeneidad que no pareciera tener en cuenta las diferencias.
Para constreñir estos desarreglos de la ciudad globalizante hay que potenciar la construcción de una ciudad justa, o, lo que es lo mismo, conformar un hecho territorial donde la justicia, los alimentos, la educación, el cobijo (la vivienda), la sanidad y las posibilidades, se distribuyan debidamente y donde todos sus habitantes se sientan partícipes de su gobierno. Para ello, mitigar la dualización que caracteriza hoy en día a la ciudad, corregir las desigualdades sociales y equilibrar el territorio urbano, asumiendo el liderazgo del espacio público, colectivo, abierto y multifuncional como el más eficaz instrumento vertebrador y de cohesión social.
La modernización, por consecuencia, será socialmente avanzada o no será, puesto que de lo contrario estaríamos abundando en desequilibrios que terminarían haciendo estéril su desarrollo, no se puede asumir un crecimiento puramente cuantitativo que no represente un aumento generalizado del bienestar de sus ciudadanos. para ello, hay que buscar la optimización de la gestión urbana y de la administración de infraestructuras y servicios públicos, la mejora del medio ambiente, integración comunitaria, ahorro de recursos no renovables, creación de nuevos servicios sociales, nuevas posibilidades para los servicios de salud, nuevas modalidades para la educación y la cultura, posibilidades de formación, desarrollo de formas artísticas innovadoras. se trata de un debate que trasciende a la tecnología en sí y la relaciona con las políticas públicas. Estas tecnologías no son buenas ni malas, pero tampoco neutras, y sus modos de apropiación quedan determinados por el particular contexto político, económico y social en el cual se insertan.

jueves, julio 21, 2005

Mi último libro: EL ORIGEN MITOLÓGICO DE ANDALUCÍA



Lo que hoy es Andalucía fue tierra mítica desd:e la más remota antigüedad. Ninguna otra geografía del Mediterráneo occidental fue tan cantada y añorada. Las grandes civilizaciones del pasado tuvieron una constante referencia al actual territorio andaluz y a sus pueblos. Tierra de los dioses para los egipcios y griegos ancestrales. Luego de la guerra de Troya los héroes participantes peregrinan a las tierras santas de Andalucía, entre ellos Ulises cuyo escudo y armas se exhibían como ofrendas en un templo dedicado a Atenea que existía en una ciudad que llevaba el nombre del héroe al norte de Motril. El mismo Homero había visitado la tierra de los antepasados. Aquella Andalucía atlántida y tartésica fue la patria de los dioses de las grandes culturas mediterráneas y aquí recrearon sus inmemoriales mitologías aquellas viejas civilizaciones. Todo ello nos indica que en la atávica Andalucía tuvo origen la sabiduría y el conocimiento que iluminó el nacimiento de las magnas culturas de los remotos tiempos.

El autor

Juan Antonio Molina (Sevilla, 1956). Periodista y escritor cursó estudios de Comunicación en la Universidad Autónoma de Barcelona y en The Graduate School of Political Management de The George Washington University. Crítico literario en Diario 16, editorialista en La Crónica de Granada, director de emisora local de Antena 3 de Radio, director de semanarios de economía y motor, asesor de comunicación en gabinetes de prensa institucionales. Colaborador habitual en revistas literarias: Contratiempo, AXXÓN (Argentina), La bolsa de pipas, ALMIAR, ADAMAR (España). Premio Internacional de poesía Dunas y sal. (España). Finalista Premio Internacional de Poesía “Videncia”. (Cuba). Ha publicado entre otros Breve historia de la gastronomía andaluza, Nostalgia de Penélope (Poemario), La cocina sevillana, La gastronomía musulmana de Occidente y No existe el mar (Poemario).

Características Técnicas

Tamaño: 16x24 cm.
Nº de páginas: 160
Encuadernación: Rústica con solapa
ISBN: 84-96416-54-2
Precio: 15 euros
Edición: 1ª
Fecha de Edición: Junio 2005

sábado, octubre 30, 2004

JACQUES DERRIDA, LA CONTINUACIÓN DE LA UTOPÍA

Nunca sabremos si Jacques Derrida ha llegado a aceptar esa muerte absoluta, sin salvación ni resurrección ni redención, que la vida, según demandaba, debía enseñarle para aprender a morir. Pero sí tenemos la dolorosa certidumbre de que su desaparición nos priva de un pensamiento que sostiene valores e ideas que resultan un valiosísimo instrumento intelectual para constreñir los efectos de la intolerancia y el pensamiento único que nos amenazan.
Su nombre ha sido invocado entre los posestructuralistas, aunque su gran virtud estuvo en aliar la gran tradición filosófica con fuentes más heterogéneas como la poesía o la arquitectura donde buscaba la alternativa a la tiranía de la estructura a través del tema de la deconstrucción. Estructura discursiva que impregna a la sociedad de una perversa complejidad donde el individuo se ha convertido en prisionero de las calculadas ambigüedades que le proclaman el centro del orden social en una sociedad de masas al tiempo que anulan su voluntad bajo un adocenamiento gregario vertebrado por la publicidad.
Los logros y los fracasos de esta sociedad invalidan su alta cultura. La celebración de la personalidad autónoma, del humanismo, del amor trágico y romántico parecen ser el ideal de una etapa anterior. Lo que se presenta ahora no es el deterioro de la alta cultura que se transforma en cultura de masas, sino la refutación de esta cultura por la realidad. Se ha producido un hecho extraño: la filosofía del progreso ha dado un fuerte impulso al desarrollo de todas las técnicas, aunque en sí misma, como ideología, es discutida mucho más de lo que fue en otro tiempo.
La izquierda en Europa vive ahora en la paradoja de que la edad más progresiva que jamás haya existido, ha producido una inteligencia que se vale de los nuevos instrumentos, pero que rechaza la ideología que la ha hecho posible. Ante el pensamiento único, el fin de la historia, la uniformidad imperial y la xenofobia que nace del rechazo al ideario progresista, Derrida apela a la lógica democrática y racional de una ciudadanía heredera de las revoluciones modernas, las que reclaman como patrimonio común de la humanidad la libertad, pero también la fraternidad.
En este orden unidimensional, que diría Marcuse, donde la imaginación y el idealismo son reemplazados por cálculos económicos, por la eterna solución de problemas técnicos y la satisfacción de demandas refinadas de los consumidores, donde el futuro post-histórico abomina de la existencia del arte y la filosofía, y cuya inquietud intelectual es simplemente la perpetua vigilancia del museo de la historia humana, sólo la utopía posibilitará caminos para la libertad y la justicia. “Habría, afirma Derrida, una cierta ingenuidad o una cierta ceguera interesada en dejarse tranquilizar por la imagen o la apariencia de una tal libertad. Sería ilusorio creer que la inocencia política se ha restaurado y que las malas complicidades se han roto desde el momento en que las oposiciones pueden expresarse en el mismo país, no sólo por medio de la voz de los ciudadanos, sino también por la de los ciudadanos extranjeros, y desde el momento en que las diversidades incluso las oposiciones, pueden ponerse libremente en contacto discursivo entre sí. Que una declaración de oposición a cierta política oficial sea autorizada, autorizada por las autoridades, significa también que, en esta misma medida, no perturba el orden, no molesta. “ Habrá, por tanto, que liberar la imaginación para que pueda disponer de todos sus medios de expresión y que presupone la regresión de mucho de lo que ahora está libre y perpetúa una sociedad represiva. Y tal reversión no es un asunto de psicología o ética, sino de política.
El Partido Socialista francés -el filósofo fue miembro del comité de apoyo del líder socialista Lionel Jospin en las elecciones presidenciales de 1995- afirmaba en un comunicado: “nos deja una valiosa herencia para pensar el mundo moderno y sus turbulencias con su tentativa de elaborar un pensamiento de la decisión responsable.”